MIS NAVIDADES

Diciembre y la Navidad han sido muy especiales a través de todas las etapas de mi vida, y aunque han sido épocas muy diferentes, y a pesar de que todo ha cambiado , éste tiempo sigue siendo para mí algo mágico, algo que siento como un abrazo tibio dentro de mi. Siempre es la misma sensación de cosas lindas, un despertar de los sentidos; es el mismo  entusiasmo de ver las luces y oir los villancicos y es esa ansiedad que se siente cuando uno está esperando algo pero no sabe muy bien  qué es eso que espera,  o cómo va a suceder.



Mis Navidades cuando era niña tenían dos aspectos especiales: El primero era el pesebre que hacía la tía Lucy donde mis abuelos con quienes pasábamos siempre estas fechas. Ella lo hacía con todas las de la ley, sé que disfrutaba haciéndolo y creo que lo hacía para mí: El pesebre tenía montañas cubiertas de musgo, valles verdes, lagos, río, pueblo, caminos, desierto, portal. Tenia ese encanto  maravillosamente ilógico que tienen los pesebres: un gato mas grande que una casa, un corral de ovejitas, unas grandes, otras pequeñitas y un pastor enorme, el lago hecho con un espejo, al cual caía una cascada de papel cristal; patos grandes al lado de otros pequeños, peces que nadaban en la superficie del espejo cual barquitos.  En el desierto caminaban unos camellos diminutos al lado de los tres reyes magos, cinco veces más grandes, que se dirigían al portal por un camino de aserrín,  donde estaban las imágenes de San José, la Virgen, la mula y el buey. Sobre el portal siempre había una estrella. Podía encontrar en el pesebre también una muñequita sentada al pié de una casa que tenia una puerta por donde cabría a duras penas su cabeza, los caballos que llevaban sobre sus lomos muñecos dos veces mas grandes que ellos, y que  iban hacia un pueblito hecho algunas veces de casitas de cartón muy coloridas, las recuerdo blancas con cenefas rojas, una puerta y dos ventanitas, en diferentes tamaños, pero siempre mucho mas pequeñas que sus habitante y que los perros, gatos o vacas. Recuerdo que Navidades mas tarde, cambió la tía Lucy las casitas de cartón por casitas que hizo con baja lenguas,  más elaboradas y bonitas.  Varias casitas y una iglesia: así era el pueblito del pesebre de mi infancia. En el sitio del Niño Dios únicamente había un puñado de musgo y paja, ya que solo lo podía ver el 25 que me levantaba, porque había nacido en la noche.  Y si,  nunca dudé de que así era efectivamente: había nacido en la noche. Para mi no había mentiras, nunca pensé que el Niño estaba escondido y que los mayores lo ponían allí en la noche.  Del árbol de Navidad ni siquiera recuerdo si se hacía o no. Yo diría que no. El pesebre era el punto focal del primer recuerdo que tengo de la Navidad.  Creo que el árbol  apareció en el contexto navideño cuando yo era ya un poco más grande, y mas adelante fue la fuente de recuerdos alegres y hermosos.

El segundo aspecto especial de la Navidad de mi niñez era  la carta al Niño Dios, la que escribía con mi  “chueca letra de niña” y dejaba por la noche encima del portal del pesebre. En ese momento empezaba aquella ansiedad, ese temor a que el Niño Dios no viera la carta y por ende no me trajera los regalos, o de que no  le alcanzaran los juguetes para llevar al pié de mi cama todo lo que pedía.  Pero cuando la cartica desaparecía cualquier noche, empezaba a imaginar las maravillas que ya debían venir en camino. La noche de Navidad debía acostarme muy temprano porque si no, no venía el Niño Dios y tenia que  dejar un zapato al pié de la puerta del cuarto para que el Niño Dios pudiera saber el tamaño de los zapatos que me iba a dejar.  Casi siempre llegó todo lo pedido y mucho mas, pues ese Niño Dios de mi niñez era muy, muy generoso. Lo que seguía a la mañana siguiente, muy temprano era  ya indescriptible: abrir y abrir regalos, papeles por todas partes, gritos, y cada nuevo juguete que desenvolvía iba a mostrárselo a mis papás que aún estaban durmiendo, hasta que los hacía levantar para que gozaran conmigo de cada regalo que me había dejado el Niño Dios.  Así permanecía al día emocionada y feliz ante ese reguero de juguetes, ropa, bombas y dulces y estrenando de todo. Seguramente a los dos días ya habría una  o dos cosas vueltas pedazos pues yo siempre quería saber porqué lloraba la muñeca al voltearla,  y cómo funcionaba el aparato que ella llevaba en la espalda para hacerlo; porqué abría y cerraba los ojos la misma muñeca o  ya habría desbaratado el reloj para ver si descubría porqué sus agujas se movían, hasta dejarlo hecho añicos;  ya estarían reventadas todas las bombas y por supuesto no debía haber ni un solo dulce de los bastones de Navidad que venían llenos de ellos.

Cuando ya crecí, y tenía unos ocho años, sentía una cierta culpabilidad cuando me preguntaban que si ya había escrito la carta del Niño Dios, porque ya sabía quién era ese generoso Niño Dios, pero no me atrevía a decirlo, y la escribía pero sin el mismo entusiasmo de antes, mas que todo poniendo los regalos pedidos por mi hermana para hacer una sola carta. Por supuesto que me alegraba al otro día de recibir cosas lindas, pero no había comparación con esa emoción desbordada de la infancia.  Ahora ya, con cierta malicia observaba los días anteriores al 24 los movimientos de los mayores, las puertas cerradas,  los ruidos de papeles, los envíos a la cama temprano para que no viera que envolvían los regalos. Desafortunada pero irremediablemente, la edad de la inocencia de la niñez había pasado y desde entonces empecé a añorarla y hasta hoy, aún deseo que el tiempo se hubiera detenido y  seguir esperando ansiosamente la llegada del Niño Dios la noche de Navidad.

Mas tarde, cuando no era solo yo,  y ya estábamos los cinco hermanos,  ahora  que lo pienso caigo en cuenta que el pesebre, aunque se hacía o bien debajo del árbol de Navidad o en algún sitio donde mi mamá lo acomodaba, lo que primaba como adorno  navideño era el árbol; el árbol de Navidad, por así decirlo, había desbancado al pesebre como foco de la Navidad  Al comienzo era un pino natural, grande, verde y fresco; pero cuando ya no se podían comprar los pinos, se cambiaba por chamizo, pero siempre hermoso, luminoso, lleno de bombillitas de colores y de adornos, bajo el cual había montones de regalos envueltos en papeles multicolores y cintas y moños donde podía uno adivinar las manos de mi mamá.  Todo lucía, una ramita de pino entre un moño, una espiguita que hacía lucir cualquier paquete…….y ya no esperábamos al Niño Dios sino la media noche para abrir los regalos que habían bajo el árbol. Yo recuerdo que en una época nos compraron botas de Navidad con el nombre de cada uno para colocar cerca del árbol, pero no sé qué nos ponían en ellas. De lo que si estoy segura es de que mi mamá nunca compró árboles de Navidad artificiales como se usan hoy día.

Cuando nos fuimos casando y nacieron los hijos, la Navidad volvió a tomar otra forma: era un sentimiento entre la emoción que sentía cuando niña pero ahora mezclada con la emoción de mi hijo por los regalos que esperaba. Irremediablemente aparecía en diciembre ese deseo de comprar y comprar para él lo que pedía y mas, mucho mas.  Mi hijo recibió cosas que no esperaba y a veces ni le interesaban, como un avión de carga llenos de carritos o una locomotora que pitaba, o una pista de carros de carreras o una moto de policía, de pilas.  Eran regalos que se envejecían sin que él les prestara atención.  En ese afán porque los hijos sean felices de todas las formas posibles, los llenamos de juguetes cuando muchas veces les gustan más las cajas que el juguete mismo.



En fin, decía que la Navidad tomó otra forma.  A  mi hijo y a mis sobrinos ya no se les ponían los juguetes al pié de la cama porque para ellos no era el Niño Dios el que venia con los regalos; ellos se quedaban despiertos hasta media noche pues sabían que sus padres los habían comprado para ellos y que recibirían además regalos de los abuelos y de los tíos.  Ya se había acabado  ese misterio delicioso que envolvía el ritual de la noche de Navidad. Se ponían bajo el árbol,  y entonces, como es lógico, la curiosidad por saber cual era de cada uno, los mantenía allí, tocándolos a ver si a través del papel podían adivinar lo que estaban esperando o buscando sus nombres en las tarjetitas de cada regalo.


Todo el tiempo les decíamos que se fueran a  jugar, que no dañaran los hermosos empaques, pero siempre volvían allí; así se pasaba el 24 en ir y venir con las compras, los empaques, la preparación de la cena, el mantel de Navidad, las servilletas, la puesta de la mesa.

Llegaba mi hermano Poncho con el plato de nochebuena payanesa llena de todas clase de dulces, de coco, de piña, coloridos, manjarblanco, los desamargados, lashojaldras, los redondos y dorados buñuelos

(los boñuelos como decía mi papá,  los cuales no paraba de comer a medida que los iban friendo, pues estos si se hacían en la casa), los arreglos espectaculares que hacía mi mamá con sus manos maravillosos en el comedor, en la sala, en las mesas y en toda la casa, las velas, los pinos, las piñitas del pino, moños, bolas brillantes de todos los tamaños, toda una parafernalia alrededor de esa Navidad maravillosa, menos sencilla y emocionante que cuando era una niña, pero disfrutando de la ansiedad de mi hijo y de mis cuatro sobrinos.  Ahora tengo 9.



El recuerdo más bonito de esas Navidades,  de las últimas con mi papá, todos los cinco hermanos, unos solteros (Nacho y Anamaria) otros casados (Poly, Poncho y yo) y con nuestros hijos, era el rezo de la novena de Navidad.  Yo  diría que mi papá llegaba a la máxima expresión de su alegría, pues ahora tenía  a su alrededor lo que siempre había soñado: los nietos que le dieran sus hijos.  Me parece verlo sentado en una silla en la parte alta de las gradas con su bastón y su dulce sonrisa; se notaba a leguas su emoción y su alegría.  Mi  papá era muy emotivo y nunca trataba de ocultar sus emociones.  En  el descanso de la doble escalera estaba ese árbol reluciente, desde la estrella de su cúspide hasta el pié donde estaban los regalos, tantos  que para subir al otro piso, teníamos que pasar  conmucho cuidado para no pisarlos y hacerlo por un solo lado de las escaleras.

En el otro lado sentaba mi papá a los nietos en las gradas y empezaba la novena, que leían ellos por turnos.  Era el cuadro más hermoso, y del que afortunadamente tengo varias fotografías.  Cantaba él y le seguían ellos el Dulce Jesús mío, mi niño adorado ven a nuestras almas……….. Y cuando acababan, siempre empezaba él a cantar la Noche de Paz, su villancico preferido.  Allí lo seguíamos mas que todo los hijos y luego los niños cantaban Tutaina tuturumaina…..que era mas de su época. Así terminaba la novena y ellos volvían a sus juegos y a tocar y a tratar de adivinar los regalos.  Qué imágenes lindas me vienen a la mente.

A la media noche, Jimmy , el esposo de Poly, se ponía un gorro de papa Noel, o algo que lo identificara, y se sentaba en el descanso de las gradas.  Para entonces nosotros ya llevábamos varios traguitos encima, reunidos al pié del escritorio que presidía mi papá; sonaba la música de villancicos o cualquier otra música alegre, los niños esperaban ansiosos oír sus nombres, y Jimmy iba tomando cada regalo y empezaba: De….Para…. y allí comenzaba el alboroto de los grandes y la locura de los niños.  Durante esos años los niños solamente eran Marcelo, Paolo, Jorge Alonso, Juliana y Juan Pablo.

Luego venia el abrir de los paquetes, los gritos de alegría, los comentarios, poner a funcionar los juguetes, comentar entre ellos, y la casa que antes parecía una tacita de plata, ahora tenía papeles, cajas, cintas y tarjetas por todas partes.

Los grandes también destapábamos los regalos y todo el mundo estaba feliz.  Ocasionalmente había alguna persona invitada, pero al menos, a la media noche, casi siempre estábamos solamente la familia. Los niños empezaban a jugar y era un trabajo lograr que dejaran por un rato los regalos y pasaran a la mesa a cenar.

Dios mío! La mesa de Navidad en la casa de la Loma….. Creo que es de los recuerdos más deliciosos que tengo de esa época de mi vida.  La mesa arreglada, casi siempre para buffet, servilletas para la ocasión que ayudaban a dar colorido. El olor delicioso de las comidas se mezclaba con el olor de las ramas de pino y de las velas.  Cada bandeja arreglada por mi mamá y a veces por mis hermanas, era una verdadera obra de arte: carnes, ensaladas, platos dulces, tortas, vino……No, eso no es posible olvidarlo.  Es un recuerdo grabado con fuego en mi cabeza.

LA ÚLTIMA NAVIDAD DE MI PAPÁ

Pasaron algunos años de estas deliciosas celebraciones, hasta un desafortunado 6 de enero, pocos  días después de una de ellas, cuando se fue mi papá y la muerte se llevó con él  toda esa alegría de las Navidades;  ya nada volvió a ser igual.  Al año siguiente de su partida, mi hermana  primero y después yo, nos separamos de los esposos y ya todo el cuento fue distinto.  Aunque los hermanos y sus hijos nos reuníamos siempre donde mi mamá, nunca las Navidades volvieron a ser iguales.  Ella hacía algunos arreglos, se cenaba delicioso y se daban siempre regalos a todos, pero los niños ya estaban más grandes y el improvisado papá Noel ya no estaba allí para repartir los paquetes que estaban bajo el árbol.  Ni siquiera había ya árbol, y el dueño del escritorio nos dejó el puesto a sus hijos, y nos dejó también una carga emocional de recuerdos deliciosos yde otros no superados, al menos no por mi.  Jamás olvidaré esos tiempos.

Tengo otros sobrinos mas pequeños, que no alcanzaron a vivir estas historias.  Son las hijas de Anamaria y de los hijos de Nacho, pero nunca he tenido la oportunidad de pasar Navidades con ellos, aunque creo que ya llegará el día.

Hace relativamente poco murió mi mamá y  aunque algunas veces nos hemos reunido los hermanos y sus hijos para fin de año,  nunca hemos vuelto a estar todos juntos  una Nochebuena, y aunque lo lográramos, creo que nunca sería lo mismo. Ya no están los padres ni tampoco la casa de La Loma. El escenario sería otro y todo sería diferente.

Hoy, estoy aquí, sin mi familia,  y sin  mi hijo.  Mi casa está sola de Juan Pablo en Navidad. Eso no es agradable de escribir ni de vivir.   Así que el día de Navidad,  serviré un plato navideño, sacaré una botella de vino blanco y brindaré por aquellos tiempos de alegría, de grupo familiar y de compañía. Pero hoy, ayer y siempre sentiré que Diciembre es Navidad, y Navidad es una sucesión de días mágicos con sus luces en los árboles, en las ventanas y en las casas.

Feliz Navidad!!!!!!!!!!!!

Cali, Diciembre 20 de 2.010

2 thoughts on “MIS NAVIDADES

  1. Goce plenamente tu articulo sobre las navidades. Tienes un don especial para escribir y euna forma clara y fluida. Tus memorias son tan vividas que una se siente transportada a esas navidades maravillosas. Siquiera tienes estos lindos recuerdos aunque hoy las cosas sean diferentes….. Un abrazo Consuelo

  2. No falto detalle, hermana ! sobro emocion y sentimiento ………. que delicia de recuerdos. Es un hermosisimo regalo de tu parte, MIL GRACIAS !!!!! No estas sola, todos nosotros estamos contigo . TE AMO HERMANITA !!!

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